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El auge de la formación virtual en América Latina

Descubre la evolución, beneficios y reconocimiento oficial que caracterizan esta modalidad formativa actual

Descubre la evolución, beneficios y reconocimiento oficial que caracterizan esta modalidad formativa actual
Descubre cómo es que se ha consolidado este modelo frente a la educación convencional. (Freepik)

La educación en línea dejó de ser una opción temporal para convertirse en un modelo clave de aprendizaje en América Latina y el Caribe.

Hoy, millones de personas estudian desde casa, rompiendo barreras geográficas y demostrando que el conocimiento ya no está atado a un salón de clases. ¿Cómo llegamos aquí?

Aquí te explicamos tres claves: su boom postpandemia, sus ventajas frente a lo tradicional y el respaldo oficial que garantiza su calidad.

Descubre la evolución, beneficios y reconocimiento oficial que caracterizan esta modalidad formativa actual
Estos datos te ayudarán a tomar una decisión sobre tu futuro académico. (Freepik)

1. El impulso definitivo: la pandemia y su legado

Cuando el COVID-19 cerró escuelas y universidades, los gobiernos de la región no tuvieron más alternativa que reaccionar: de acuerdo con datos del BID, el 92% de los ministerios de educación lanzó plataformas digitales para evitar el colapso académico. Este salto forzado aceleró la adopción de herramientas como videoclases y aulas virtuales.

Sin embargo, el cambio no fue únicamente de emergencia: el mercado global de educación en línea siguió creciendo un 10% anual desde 2019 hasta el 2024, y se espera que esto se mantenga hasta 2026.

Plataformas como Domestika o Duolingo ganaron mucha popularidad, a pesar de no ser plataformas de certificación oficial, pero también surgieron universidades virtuales con programas completos, desde cursos hasta posgrados, que hoy compiten seriamente con las opciones presenciales.

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Hoy en día esta modalidad cuenta con mayores certificaciones. (Freepik)

2. ¿Por qué triunfa la educación virtual?

Si bien la educación en línea permite tomar clases sincrónicas, con interacciones en tiempo real entre estudiantes y docentes, una de sus mayores fortalezas radica en la modalidad asincrónica, posible gracias a videos, textos y ejercicios disponibles las 24 horas del día, sin horarios fijos.

Además, mientras que en México, según datos de la OCDE, la deserción en la educación presencial ronda el 70%, su versión en línea reduce esto a un rango de entre 24% y 45%, evidenciando una mejora sustancial en la retención de estudiantes. ¿La razón? Menos presión de horarios, menores gastos de traslado y materiales accesibles desde cualquier dispositivo.

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Esta flexibilidad explica por qué el 95% de los estudiantes de la región se declaran satisfechos con el modelo. (Freepik)

3. No todo es YouTube o Hotmart: títulos oficiales desde casa

Aquí aún hay un mito por derribar: la educación en línea no son solo cursos rápidos. En países como México, la Secretaría de Educación Pública (SEP) avala programas de universidades virtuales mediante el RVOE, un registro oficial que garantiza que sus planes de estudios cumplen estándares nacionales.

Un ejemplo paradigmático es IEXE Universidad, una institución 100% digital especializada en el sector público que ofrece licenciaturas, maestrías y doctorados con validez oficial.

Aunque ganó mayor visibilidad durante el confinamiento y la postpandemia, llevaba más de 15 años apostando por esta modalidad educativa.

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Cada vez nos acercamos más al momento de dejar de llamarla “educación en línea”, para referirnos a ella, sencillamente, como “educación”. (Freepik)

4. Un ecosistema educativo sin fronteras

La educación en línea ya no es solo una respuesta a la crisis sanitaria o una tendencia: es la materialización de un cambio estructural en cómo entendemos el acceso al conocimiento.

Su valor radica en su capacidad para operar en dos dimensiones: como herramienta de equidad —llevando formación a quienes no pueden asistir a un aula física— y como motor de innovación pedagógica, donde las universidades virtuales con validez oficial demuestran que lo digital no está reñido con el rigor.

Este modelo ha desdibujado la dicotomía entre “educación real” y “virtual”, especialmente cuando instituciones reguladas por ministerios, como la SEP, certifican que un título obtenido en línea tiene la misma validez que uno presencial.

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